viernes, 31 de agosto de 2012

VOLTERETAS

La semana está siendo un auténtico asco. Mi familia me sigue sorprendiendo día a día. Cada hora que pasa le tengo más asco y me avergüenza más saber que una parte de mi sangre pertenece a gente de esa calaña. No me cansaré de decirlo: benditos padres y bendita hermana me tocaron en suerte, porque el resto, mierda.
No he estudiado nada, ni tocar un libro. Si mi chico quiere averiguar si he estudiado lo tiene fácil. Mis libros tienen polvo, el sofá tiene el hueco de mi culo hecho y no paso más horas en la cama porque se me olvidaría cómo se anda.
Yo no sé por qué estoy tan asqueada de todo, pero sé que no quiero seguir así. Lo malo es que ni mi cuerpo ni mi cabeza responden. Cuanto más me animo para hacer algo, más estático se queda mi cuerpo. Eso sí, por alguna razón, ahora barro el suelo de la cocina tres veces al día. Creo que estoy pirada.
Agradecería una solución a este estado de ánimo que me tiene sin rumbo, porque si me pierdo más no sé si voy a saber encontrarme. Con lo que me gusta a mí contar monólogos, anécdotas y sucesos varios, y no me sale ninguno. Prometo enmendar mi conducta algún día, si la vida me da un respiro.

Buenos días.

lunes, 20 de agosto de 2012

HASTA EN SUEÑOS SE OYEN VERDADES

Esta mañana me he levantado de mala leche. No sabía bien por qué era hasta que he recordado lo que he soñado esta noche. Llevo varias noches soñando que estoy con mi familia y me toca volver a casa, y en el sueño siempre me pongo triste porque cada vez me duelen más las distancias, cosa que me pasa también en la vida real.
Pues anoche, después de haber soñado la parte correspondiente de despedidas familiares, mi sueño ha dado un salto. Estaba yo en mi supuesta casa con mis padres. Era inverno y estaba puesto el calor. Entonces se me ocurría mirar el termostato y me daba cuenta que ponía una burrada de grados. Al decírselo a mi padre nos dábamos cuenta que podía explotar, así que desalojábamos la casa mientras, inexplicablemente se prendía una cortina con una vela y se incendiaba todo. Al estar en la calle viendo como los bomberos apagaban el fuego mi padre, que es sabio tanto en la vida como en los sueños me decía: Hija, yo no sé para qué lloras. Tu vida es una mierda, no tienes trabajo, no sales por ahí a divertirte porque no tienes un duro, no tienes ya ni ganas de estudiar ni de hacer nada. Si es que esto ya es el punto final. Después de lo de la casa ya solo puedes ir para arriba.
Y es que, tristemente, hay muchos días en los que me siento exactamente así. Tocada y hundida.

Buenos días.